LA ERA DEL HIDRÓGENO: ¿LA CUADRATURA DEL CÍRCULO?

Entre las estrategias de adaptación al cambio climático recomendadas por la ONU, para la lucha contra el calentamiento global, es esencial apostar por las “energías renovables”. Pero avanzando hacia un sistema alternativo al de los combustibles fósiles aparece desafiante un nuevo actor (no tan nuevo): el hidrógeno.

El hidrógeno está presente en todo ser vio y no contamina la atmósfera, el sistema del hidrogeno tiene unos pilares que lo convertirían en revolucionario:

-se puede producir industrialmente a partir de combustibles fósiles o mediante “electrólisis” directamente del agua, aplicando electricidad sobre ella que se puede obtener de la que producen las energías renovables.

-su almacenaje en baterías de combustible que permiten almacenar, transportar y suministrar ininterrumpidamente energía eléctrica a partir de fuentes renovables.

-al ser la fuente ilimitada, no está en poder de ningún grupo o estado y el uso masivo de baterías sacaría a millones de personas de la pobreza.

-además, mediante la interconexión de baterías, se crearía una red mediante la cual se podrían compartir los excedentes. El diseño es el mismo de la World Wide Web, y ello representaría sin duda una especie de “democratización de la energía”, según su principal paladín J. Rifkin.

Sin embargo, los más optimistas reconocen que la técnica está aún en pañales y que para desarrollarla se necesita mucha inversión, habiendo actualmente demasiados intereses muy poderosos en su contra.

En realidad, el hidrógeno es un “vector energético”, y para el desarrollo de un sistema alternativo basado en el hidrógeno, sus defensores reconocen que haría falta de una primera fase en la que la energía se siga produciendo a partir de combustibles fósiles, y una segunda fase en la que se sustituirán por la generada por las renovables. Las baterías se utilizarán a todos los niveles, desde pequeñas pilas hasta grandes centrales generadoras.

Por su parte, los detractores la tachan de no ser energéticamente sostenible, al igual que tampoco lo son las actuales células fotovoltaicas y generadores eólicos; se gasta más energía (y no dinero) en ponerlas en marcha, que toda la que producirán en su vida útil. Esta energía se sigue sacando de los combustibles fósiles. Además en el ciclo del hidrogeno se invierte mucha energía en la electrólisis, almacenamiento, distribución y transformación en energía que se pierde en el sistema. Amén de los costes de transformar todo el sistema productivo mundial para que funcione con hidrógeno.

¿Estamos pues ante una tercera revolución mundial, después de la neolítica y la industrial, que marcara nuestra forma de vida tal y como la conocemos? ¿O de nuevo ante cantos de sirenas?n1285205959_127872_20092

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~ por merilandia en marzo 27, 2009.

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